martes, 18 de enero de 2011

Fabulas infantiles

La liebre y la tortuga





En el mundo de los animales vivía una liebre, que no cesaba de contar que ella era la más veloz y se reía de la lentitud de la tortuga.
- ¡Eh, tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta! -decía la liebre burlándose de la tortuga.
Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a la liebre.
-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.
- ¿A mí? -preguntó asombrada la liebre.
- Sí, a ti. Pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera.
La liebre, aceptó.

Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho señaló los puntos de partida y de llegada, comenzó la carrera .

La liebre dejó coger ventaja a la tortuga y se quedó haciendo burla de ella. Luego, empezó a correr velozmente y sobrepasó a la tortuga que caminaba despacio, pero sin parar. La liebre se detuvo a mitad del camino y se dispuso a descansar . Allí se quedó dormida, mientras la tortuga siguió caminando, lentamente , pero sin detenerse.

Cuando la liebre se despertó, vio que la tortuga se encontraba a una corta distancia de la meta. Salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: la tortuga había ganado la carrera.

Ese día la liebre aprendió, que no hay que burlarse jamás de los demás.



El león y el ratón





Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo.
Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reir y lo dejó marchar.

Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un árbol.
Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oir los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.


Días atrás le dijo , te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por tí en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.



La hormiga y la cigarra:




Era un día de verano y una hormiga caminaba por el campo recogiendo granos de trigo y otros cereales para tener algo que comer en invierno. Una cigarra la vio y se sorprendió de que fuera tan trabajadora cuando los demás animales, estaban descansando.

La hormiga, no dijo nada; pero, cuando llegó el invierno y la lluvia deshizo el heno, la cigarra, hambrienta, fue al encuentro de la hormiga para pedirle que le diera parte de su comida.
Entonces, ella respondió: "Cigarra, si hubieras trabajado entonces, cuando yo me afanaba y tú me criticabas, ahora no te faltaría comida."

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